HISTORIA DEL BARRIO MATTA SUR

barrio_matta_1895

El Barrio Avenida Matta es un sector comprendido por las siguientes calles: Avenida Vicuña Mackenna por el Oriente, Avenida 10 de Julio por el Norte, Avenida Norte-Sur por el poniente y el canal Zanjón de la Aguada por el Sur. El conjunto presenta una homogeneidad digna de destacarse, a pesar del marco de austeridad en que históricamente se desenvolvió. En sus orígenes fue parte de una zona de la ciudad denominada Sector Sur o Barrio Sur, que hasta mediados del siglo XIX estaba conformado por chacras y pequeños poblados que se agruparon en torno a algunas calles fangosas que se fueron creando, tales como San Diego, que era el camino al Sur, y las actuales Carmen, Santa Rosa y San Isidro, que desde finales del siglo XII insinuaron el crecimiento de la ciudad hacia el sur.

La dura guerra por la denominación Española al sur del Bio-Bio, principalmente durante los siglos XVI y XVII, hizo que este sector de Santiago fuese olvidado por cerca de 200 años, ganándose el calificativo de pedregal inútil. En esos tiempos, según relatos de los historiadores, los jesuitas tenían en torno a la ciudad una verdadera cintura de ricas propiedades rústicas.En el siglo XVIII fue el lugar preferido de la clase alta, porque la vida campestre de esta zona era ideal para construir sus mansiones de adobe. Hacia 1828 la creación de la “Alameda de los monos” o “Cañada de los monos”, hoy Avenida Manuel Antonio Matta, conformada como una ancha calle que sirvió como feria semanal de animales, constituyó un hecho clave para el futuro desarrollo del sector.

Desde 1840 las Antiguas chacras existentes iniciaron su división en lotes más pequeños: Las cercanas al Campo de Marte (1842) y al Parque Cousiño, hoy parque O’Higgins (1860) formaron lotes adquiridos por la clase alta, constituyéndose un barrio exclusivo y elegante (actuales calles Ejército y Dieciocho). Hacia el oriente, principalmente entre Nataniel y San Francisco no se dividieron en pequeños lotes, sino sólo en las hijuelas nacidas de las participaciones de bienes entre herederos. Estas fueron alquiladas por sus propietarios a modestos pobladores, principalmente indígenas que producto de la dominación de sus territorios se vieron obligados a emigrar a los márgenes de la ciudad. Un precario pedazo de suelo para que ellos mismos edificaran, como pudiesen, una modesta morada. “ Toldería de salvajes” le llamó Vicuña Mackenna al sector sur de la capital.

A mediados del siglo XiX Santiago era una ciudad residencial y burocrática que sin ningún papel esencial en la vida económica chilena concentraba lo mejor de sus frutos. Polo de atracción de mineros enriquecidos, terratenientes hidalgos, artesanos extranjeros, jóvenes provincianos instruidos pero pobres y gañanes movedizos. Viejos y nuevos ricos la habitaban o aspiraban a vivir en ella. Cobijaba al poder político y representaba la posibilidad de desarrollar un modelo de vida que deslumbraba a los provincianos con un estilo que imitaba o “parodiaba” a la aristocracia del viejo continente. Recién comenzaba la europeización de la elite. Paralelamente fue creciendo un sector de pequeños comerciantes, funcionarios y artesanos que dependían de ella y la tomaban como modelo. La expansión urbana comenzaba a desbordar los límites de la vieja ciudad colonial. Al sur de la Alameda, y más allá de una barrera formada por una serie de hospitales, monasterios e iglesias se extendía el nuevo arrabal popular. La ciudad comenzó a crecer rápida y desordenadamente hacia el sur. Hacia 1850 casi todas las calles habían alcanzado el Canal de San Miguel, actualmente Avenida 10 de Julio, abierto en 1822 para servir a una zona todavía rural. En 1843 vecinos ya se quejaban porque este surtía de su agua a infinidad de personas humildes que se situaban en sus orillas y a una gran población formada en esos contornos.

 

La migración rural multiplicó los arrabales acelerando el crecimiento de una ciudad que no estaba preparada para ello, dificultando las condiciones de vida. Viviendas escasas y precarias, además de servicios sanitarios insuficientes, coinciden con el crecimiento de las enfermedades.

En 1847 la instalación del Matadero, junto al Zanjón de la aguada, había creado un nuevo elemento de asentamiento en esta barriada.

Con gran rapidez muchos fundos se transformaron en tierra urbana debido a que se convirtió en un excelente negocio. Asentamientos del norte y el Oeste de la ciudad, y sobretodo el barrio sur crecieron sin orden ni concierto sobre las hijuelas alquiladas por los diversos herederos de esas tierras.

Hacia la segunda mitad del siglo XIX Santiago conoció simultáneamente los problemas típicos de un crecimiento urbano acelerado e imprevisto y los primeros conflictos sociales. Los nuevos arrabales constituían la principal preocupación de varios políticos de la época como Benjamín Vicuña Mackenna. Por el sur superaron largamente el canal de San Miguel y la avenida de los monos, prolongándose hasta el matadero y el Zanjón de la Aguada. La extensión del asentamiento, traspasando el Zanjón, obligó a llevar el límite departamental hasta el camino de Ochagavía. Más allá, la transformación del llano Subercaseaux en finca viñatera y bodega estimuló el aumento de población, lo mismo que la de “los vecindarios que se poblaban y subdividían”. También había mucha gente en la zona del Matadero, aunque menos densamente agrupada. Junto con estas situaciones también empezaron a aparecer los primeros botaderos clandestinos en diferentes puntos de Santiago. Así, por ejemplo, nació el llamado Potrero de la Muerte enclavado entre la actual Avenida Matta y el Zanjón de la Aguada y entre Santa Rosa y Nataniel Cox.

Vicuña Mackenna, durante su período como intendente se Santiago ( 1872 – 1875 ) realizó el primer esfuerzo urbanístico sistemático para afrontar las situaciones antes mencionadas. Emblemático de su acción fue el trazado del Camino de Cintura, que ocupó en parte la antigua cañada de los monos, con varias funciones: descargar el tráfico de los barrios centrales, marcar un límite al establecimiento de fábricas (que ya florecían de manera dispersa), crear un paseo alrededor de la ciudad, pero esencialmente establecer los límites de la “ciudad propia”, diferenciándola de los suburbios. Y establecer un cordón sanitario contra la influencia pestilente del arrabal. La incipiente marginalidad industrial se ha vuelto peligrosa para una elite conservadora que ha impuesto su poder, de forma violenta y represiva, sin solucionar las problemáticas que trae este nuevo modelo. La solución a los problemas de los arrabales es dada por una nueva elite emergente, la liberal, que tiene nuevas propuestas políticas, basadas en el conocimiento científico y económico.

El proyecto modernizador de Santiago de Benjamín Vicuña Mackenna se basó en modelos científicos franceses, constituyendo una forma de intervención social determinada por conceptos médicos, basados específicamente en la llamada “Higiene Pública”, que es la medicina social del siglo XIX en Europa. El intendente será el primero que ordene la ciudad, con nuevos moldes sociales urbanos. Para Vicuña Mackenna existen dos ciudades: “La ciudad ilustrada, opulenta, cristiana, ordenada, limpia” y “La ciudad bárbara, una inmensa cloaca de infecciones y de vicio, de crimen, de peste, un verdadero potrero de muerte.” (1873). La cuidad bárbara es la causante de la producción de enfermedades, delincuencia y marginalidad social. La solución fue el plan de transformación de Santiago, que contemplaba la creación del paseo del cerro Santa Lucía (“La montaña Mágica” parisina de V. Mackenna), el emplazamiento de plazas, escuelas, y mercados como: El de San Pablo y San Diego. Estas construcciones buscaban imitar a las de grandes urbes europeas de la época. El llamado “Camino de cintura” o “Muro Sanitario” es un espacio que separa a los dos sectores o a las dos ciudades que el intendente describe, apartando a grupos sociales que pueden contaminar a la ciudad ilustrada y limpia. Recordemos que al sur de Avenida Matta se ubicaba el sector matadero (Franklin) donde estaban instalados los trabajadores y sus populosos barrios. Este “cordón sanitario” fue aplicado para reordenar la ciudad de Santiago, pero no de inmigrantes o “afuerinos”, sino de los sectores populares santiaguinos industrializados.

 

Desde 1875 se aprecia en el Barrio Sur la división de las manzanas y venta a varias personas, así como el comienzo de la edificación de diversos grupos habitacionales. También se ofrecían “sitios para pobres” como en la calle Chiloé, sobre la línea del ferrocarril urbano de San Diego. Eran amanzanamientos recientes. Los propietarios combinaban el alquiler de la tierra con el de viviendas. La valorización de la tierra impulsó a los propietarios a construir conventillos, que desde la década de 1870 fueron la forma habitual de la vivienda popular. El alquiler de viviendas o terrenos para pobres constituyó una parte importante de las actividades de muchos ricos santiaguinos. La propiedad urbana constituía una porción importante del patrimonio de muchos terratenientes que residían en la ciudad. Hacia 1860 el arzobispo Valdivieso construyó junto a su casa “una especie de conventillo destinado a dar vivienda a familias pobres, de la calle de santa rosa a la calle de san isidro”. Habitualmente propietarios menos encumbrados eran dueños de 2 o 3 conventillos. El alquiler continuaba siendo un excelente negocio debido a la escasez de tierras y la fuerte demanda. La oferta de empleo y la disponibilidad de los transportes impedía que los trabajadores se alejaran demasiado del centro de la ciudad.

Para continuar abriendo el camino Cintura era necesario expropiar esas tierras y derribar lo que ahí existía, lo que tropezó con la resistencia de los propietarios, quienes defendieron sus derechos en términos doctrinarios y a la vez aprovecharon los planes de remodelación para obtener ventajas especulativas. En el barrio sur edificaron ranchos para que se los expropiaran, elevando de manera inusitada el valor de sus propiedades. Con esto, el nuevo camino se abrió solo por tramos. Desde mediados de 1880 aparecen en las zonas que lograron ser despejadas conjuntos de viviendas más ordenadas cohabitando con los antiguos rancheríos. Algunas eran proyectos empresariales, otras reflejan las nuevas preocupaciones por la “cuestión social” siendo poblaciones que procuraban ajustarse al ideal de viviendas baratas e higiénicas para Obreros. Algunas de ellas fueron levantadas como anexo de algunas fábricas, buscando además, retener a los trabajadores en el propio lugar donde trabajan, combatiendo la tendencia a la circulación. En otros proyectos se buscaba la colaboración de las sociedades mutuales.

Bookmark the permalink.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *